Trabajad sin cobrar

   /   23 octubre 2013   /   Ética Trabajad sin cobrar

“Vosotros, estudiantes que no tenéis ningún gasto, trabajad sin cobrar”.

12 de septiembre, empiezas tu tercer curso de estudios en Comunicación, ya has superado el 50% de los créditos de tu grado, con lo cual ya tienes ciertas posibilidades de encontrar un puesto de trabajo, lo que te vendría de perlas porqué, pagando más de 2.000€ de matrícula y viéndote en la obligación de pagar o un piso o el desplazamiento hasta la universidad, toda ayuda es poca. Los padres (que pueden), pagan religiosamente las tasas y cubren todos los gastos y tú, que ya tienes veinte años, también quieres poner tu granito de arena. No pides mucho, 150 euros al mes, 300 euros como mucho… tampoco te atreves a pedir más y, solo con eso, ya podrías cubrir una parte de los gastos.

Un día te llaman de una empresa, les ha llegado tu currículum, parece que les interesas, puedes ser la persona que buscan para el puesto, y los ojos te brillan con solo pensarlo. Trabajarás, aprenderás y podrás aportar tu dinero y tus esfuerzos a la economía familiar (eso suponiendo que no tengas que correr tú con todos los gastos, porqué ahí ya la cosa se complica). Te conceden, pues, una entrevista y nervioso te preparas para ir a charlar con el que podría ser tu superior, llegas ahí y todo es muy agradable, nadie te trata mal y no hay porqué estar nervioso, con lo cual respiras, te sueltas y entablas una conversación más o menos informal con tu entrevistador. En ese momento, la palabra mágica aparece, “buscamos un colaborador”, “nos gustaría contar con tu colaboración para este proyecto” y, de repente, no estás hablando de un trabajo con un sueldo, sino de una actividad que reportará beneficios a ambas partes, tú ofreces tu trabajo, tu esfuerzo, y tu tiempo, cumplirás con las tareas como si fueras un profesional (a veces incluso mejor, que el entusiasmo del que empieza puede tener mucha fuerza), ellos a cambio te dan currículum y experiencia. Un gran trato, ¿no?, bueno, ¿un gran trato para quién?, para ellos un negocio redondo para ti… bueno, ¡siempre te quedará la experiencia y el currículum (que sin el título que a lo peor no llegas a poder permitirte no te servirá de nada)!

No pasa nada, trabajarás, lo harás porqué te gusta el trabajo y porqué igual algún día llegas a cobrar algo, “la experiencia me será muy útil”, te dices a ti mismo para animarte (aunque en ese momento no te hace mucha falta, te sobran las ganas). Y mientras, confiarás en que te concedan esa beca del Ministerio, esa que te va a ayudar a cubrir gastos. Bueno, te ayudará a cubrir gastos siempre que tengas una nota media superior a 6’5, así que olvídate de trabajar en algo que te quite mucho tiempo… todos tus esfuerzos tienen que ir a superar esa nota media. Pero, aun así, ¿tener un 6’5 te asegura algo? ¡Por supuesto que no!

Bueno… no pasa nada, hay que ser optimista e ir para adelante como sea. Y con ese pensamiento te vas a clase, carpeta debajo del brazo (sí, esa carpeta que te dieron a principio de curso y que piensas que podrían haberse ahorrado, en lugar de subir tasas, mejor reducir en gastos innecesarios, ¿no?) y el tiempo justo. Llegas a clase y el profesor casi te cierra la puerta en la cara, pero no lo hace, que es el primer día y tiene ganas de que todo el mundo pueda escuchar su discurso. “No voy a tolerar retrasos en la hora de entrada, si alguien llega tarde se quedará fuera y la no asistencia supone un suspenso de la asignatura”, empieza, y alguien levanta la mano, tímido, con miedo, para explicar que trabaja, que por diez minutos llega tarde todos los días pero “eso no es excusa, vuestra obligación es estudiar, no trabajar, a la hora tenéis que estar aquí y no me contéis la vida” (hay que decir, siendo honesto, que estas respuestas no son siempre así, pero sí te las encuentras de vez en cuando). Tras esto, el profesor sigue hablando de lo importante que es para ti tener experiencia, hacer currículum, diciendo “vosotros que podéis permitíroslo, que NO tenéis NINGUN gasto, trabajad sin cobrar, tenéis que ganar experiencia”. En ese momento el que se está pagando la carrera con lo que gana de trabajar en el McDonald’s, el que no sabe si va a poder continuar con los estudios si no le dan la beca y tú mismo, que te sientes en la obligación de hacerles más llevaderos a tus padres todos los esfuerzos que están haciendo para que tú estudies, os levantaríais, daríais un par de patadas en el suelo (por no cometer ningún delito) y os echaríais a llorar de pura desesperación, pero no lo hacéis, es el profesor y, como tal, hay que respetarlo, en lugar de eso, sacáis una hoja de papel y ¡a tomar apuntes!

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Núria Castelló  

Estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas, enamorada de escribir, apasionada de la organización de eventos y intento de periodista.


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