e) Totalmente en desacuerdo, profesor

   /   27 noviembre 2013   /   Ética e) Totalmente en desacuerdo, profesor

Frente a verdades absolutas y poca disposición a discutir argumentos por parte del profesorado, ¿qué le queda al alumno?

¿Suena a la típica opción de una encuesta verdad? Pues esa sería mi opción preferida en el 90% de las veces que me pidieran opinión acerca de alguna de las afirmaciones de los profesores de la universidad, en particular los de Publicidad y RRPP. Hecho, por otra parte, altamente improbable. ¿De dónde nace esta repulsa a aquellas verdades absolutas lanzadas desde el púlpito docente? Pues ya no tanto por estar más o menos en desacuerdo con lo que dice un profesor (es imposible estar de acuerdo siempre en todo), sino porque aquello que dicen va a misa, sin posibilidad de poder discutirlo. Y si lo discutes delante de toda la clase con el profesor/a de turno pueden pasar tres cosas:

  • El profesor/a atiende a tu desacuerdo mirándote por encima del hombro y reafirmándose en su postura. Sólo les falta darte una palmadita en el cuello en la que se lea: venga chaval, a mí me vas a llevar tú la contraria… CASO MÁS PROBABLE
  • Ante tu “rebeldía”, se queda perplejo por la poca costumbre que tienen a que les lleven la contraria. Te da una respuesta para salir del paso, pero te deja igual que antes de arriesgarte a preguntarle algo. SUELE PASAR
  • Aprovechando sus buenas dotes de oratoria, empieza a dar rodeos sobre la cuestión cuál político y cuando acaba te das cuenta de que no te ha aclarado nada, pero te ha callado la boca con sus buenas palabras. POCO PROBABLE, dado la poca agilidad de la mayoría de docentes (por lo menos los que conozco).

En ninguna de estas situaciones se da al alumno la posibilidad de mantener una discusión educada y con argumentos contra un estamento, el profesorado, que alardea el primer día de curso de su afán de que los alumnos participen, pero que a la hora de la verdad lanzan sus verdades absolutas como un muro el cual no se puede penetrar.

 

Esta reflexión me ha surgido estos días a raíz de un examen que hice hace unos días. Mientras estudiaba, un concepto se repetía una y otra vez: ‘Los consumidores prefieren productos o servicios de empresas responsables’. Recordé que este concepto también era repetido sin cesar por la profesora en clase. No salía de mi asombro. ¿De verdad nos quieren hacer creer que la gente compra productos según la responsabilidad social de esa empresa? ¿Estamos de cachondeo? Para empezar, la gente suele comprar los productos de uso cotidiano por precio. No veo a Wilkinson superando en ventas a Gillette si su precio es muy superior, por muchas acciones de Responsabilidad Social que haga. Aunque, he de decir que hago un poquito de trampa… La idea de fondo que planea en esa afirmación la entiendo y la comparto: una empresa que comunique eficazmente sus acciones de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), generará en la sociedad una imagen de su empresa/marca que la situará en una buena posición en la mente del consumidor. Es decir, ganará reputación cara a la sociedad y esto le puede hacer aumentar sus ventas. Esto ya es otra cosa.

La primera afirmación (“Los consumidores prefieren productos o servicios de empresas responsables”) deja de lado muchísimas variables que hacen que un consumidor se decante por un producto/marca u otro. Me parece demasiado arriesgado realizar esa afirmación tan tajantemente a un grupo de estudiantes de publicidad. En ocasiones veo un cierto adoctrinamiento en estos temas. ¡Oh dios mío! Adoctrinamiento, que palabra tan fea. ¿Eso no lo hacen los catalanes? En eso no me meteré, lo que tengo claro es que las carreras universitarias como concepto sí que lo llevan a cabo.

 

Me explico. Los profesores realizan afirmaciones muy académicas y muy bonitas pero, sobre todo, políticamente correctas. Nos inculcan “‘lo que está bien”. Y a ver quién es el guapo que le dice al profesor de turno que le da exactamente igual que una empresa vierta residuos tóxicos, que explote niños, que contribuya a la deforestación… Lo único que realmente nos importa acerca de lo que consumimos es que tenga un precio que estemos dispuestos a pagar, que satisfaga nuestra necesidad y que esa marca nos transmita “algo’”. Lo demás, milongas. Por ejemplo, de sobra es sabido que Nike ha explotado toda la vida a niños para que fabriquen muchos de sus productos. Precisamente es una de las marcas que siempre nos ponen como ejemplo de “buen branding“: muy pocos se niegan a comprarse algo de Nike por esa explotación. Es más, es muy posible participar en una conversación acerca de las dudosas prácticas de Nike mientras se observa que los participantes lucen el “swoosh” característico de la marca.

En mi caso, prefiero Burger King a McDonald’s. Esta última lleva a cabo acciones de RSC, como la Fundación Ronald McDonald. Que yo sepa, Burger King no hace nada respecto a este asunto. Pues a mí me importa un bledo (por no decir otra cosa) que McDonald’s tenga una fundación o tenga veinte, que ayude a los niños o a los ancianos, que las vacas sufran menos al morir o mueran salvajemente: voy a Burger King porque sus productos me gustan más. Punto. Y como yo todo el mundo. McDonald’s tiene mucha más cuota de mercado que Burger King, y seguro que no es precisamente por su RSC.

 

En definitiva, realmente no nos importa nada lo que hagan las empresas. Sus acciones de RSC serán una variable más a tener en cuenta, como lo es el precio, variedades de producto, su simbolismo, si lo tenemos más a mano que otro y un largo etcétera. Pero queda muy bonito lanzar “brindis al sol” con lo maravilloso que podría ser un mundo en que empresas y consumidores se alinearan para cuidarse mutuamente y proteger el planeta. Señores docentes, gurús y demás listillos de libreto en mano: aterricen en el mundo real, un mundo en que las empresas buscan el máximo beneficio y el consumidor la máxima satisfacción. Si queda tiempo (y dinero), ya nos preocuparemos por el planeta.

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Alex Linares  

Estudiante de Publicidad abrumado a menudo por conceptos comunes a este 'mundillo', como diseño o portfolio. Si hay sitio en este ecosistema publicitario para un individuo al que le gusta escribir y en ocasiones tiene pensamientos del siglo pasado, lo buscaré... y prometo encontrarlo.


y tú...¿qué opinas?



2 opiniones

  1. j.ignacionicolas dice:

    No se si el artículo está en clave de sarcasmo pero, en mi opinión, a mí SI me importa lo que hagan las empresas en el global de su actividad y no solo en el resultado que son sus productos. Consumiendo determinadas marcas en lugar de otras apoyamos y perpetuamos modelos de producción y de consumo. Quizá la filosofía comercial y empresarial, a la hora de hablar de RSC, debería guiarse más por principios en lugar de beneficios.

  2. Alex Linares dice:

    Estoy en parte con tu última frase. El artículo no tiene ningún sarcasmo, simplemente creo que no todo es blanco o negro, hay matices. Es evidente que el mundo iría mejor si las empresas y los consumidores aunáramos fuerzas para mejorar el mundo, pero al final ellos se dedican a producir y nosotros a consumir. Y si ellos lo pueden hacer más barato y nosotros comprar a menor precio, en general, el consumidor medio no mira mucho más allá (sobretodo en determinados productos). Es mi humilde opinión.

    Por cierto, gracias por tu respuesta!

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