Reseña: Filosofía de la telaraña o estrategia del diseño

   /   20 noviembre 2014   /   Libros Vilém Flusser - Filosofía del diseño

El diseño es el puente donde arte (pensamiento valorativo) y técnica (pensamiento científico) se unen en una nueva cultura

Estrenamos categoría en la que periódicamente escribiremos reseñas de libros que consideramos importantes para “abrir un poco los ojos” a nuevas perspectivas y puntos de vista sobre diseño, comunicación y publicidad. En esta ocasión hablamos de Vilém Flusser, quien propone que el futuro depende del diseño y la relación entre arte y ciencia, teología y tecnología y arqueología y arquitectura.

Tres procesos y un objetivo: la telaraña. La estrategia de la araña, como la de Vilém Flusser en Filosofía del diseño: la forma de las cosas (2002), consiste en la creación de una red resistente, elástica y adaptable. La telaraña no sólo debe sobrevivir al impacto de un insecto, sino también a una simple brisa.

Vilém Flusser nació el 12 de mayo de 1920 en Praga, por aquel entonces centro artístico y filosófico europeo. Tras el estallido de la II Guerra Mundial y la expansión del nazismo, Vilém y su futura mujer huyeron a Londres, y más tarde a Brasil. Si bien su primer libro, Língua e realidade, se publicó en 1963, su reconocimiento internacional se dio en 1983 con Für eine Philosophie der Fotografie. En la obra de Flusser se perciben tres ejes: el marxismo, el formalismo (Escuela de Praga y Wittgenstein) y la filosofía de Ortega y Gasset.

Pensada más como recopilatorio de textos, que como obra unitaria, Flusser expone en Filosofía del diseño un recorrido en 23 capítulos sobre qué es el diseño, cuál es su finalidad, su futuro y su vínculo con la ética.

Primer armazón

En un espacio dado, se tiende una línea de arrastre y posteriormente se crean unos hilos que se entrecruzan, creando así una estrella simple. Este anclaje exterior y el eje formado es la esencia de la telaraña… y del texto de Flusser: “(…) hoy en día diseño significa más o menos aquel lugar en el cual el arte y la técnica (…) se solapan mutuamente (…)”[1] Para el autor, las palabras diseño, máquina, técnica, ars y kunst se hallan vinculadas. Si bien la cultura moderna burguesa opuso el mundo de las artes al mundo de la técnica, el diseño es el puente entre ciencia y estética.

Para comprender la estructura conceptual de este puente, Flusser arremete contra la dialéctica simplona entre forma y materia, y propone entender la forma como el cómo y la materia como el qué. De esta manera de pensar y ver se derivan dos formas de diseñar y proyectar: la material que conduce a representaciones y pone el acento sobre lo que aparece en la forma, y la forma que propone modelos y subraya la forma de lo que aparece.

Segundo armazón

Una serie de hilos completa el primer armazón uniendo los puntos de cada filamento por los bordes exteriores, dando paso así a un círculo externo. Rápidamente, la araña se desplaza hacia el centro creando una serie de radios concéntricos. El eje central debe de ser resistente.

Parafraseando una idea de Goethe sobre el ser humano, Flusser teje su eje central: el diseñador debe de ser elegante, amable con el usuario y bueno, es decir, funcional. Esta tercera característica se encuentra próxima a la ética. Hasta hace relativamente poco cuestiones morales o políticas no cumplían un rol importante. ¿Por qué entonces surge la cuestión de la ética del diseño? Según Flusser por tres razones: 1. desaparición de una autoridad que dictamina normas, 2. un diseño basado en un proceso complejo de informaciones y de división del trabajo y, 3. relacionada con las dos anteriores por una desresponsabilización del diseñador/a y de los consumidores/as.

Un objeto es algo que está en medio y nos bloquea el camino. Los objetos de uso son, en cambio, objetos que se necesitan para avanzar y que se utilizan para apartar otros objetos. Pero, ¿cómo debemos pensar el diseño de forma que nuestros sucesores puedan utilizarlos para avanzar? El autor lo vincula a una cuestión de política estética y/o estética de la política, ámbito estudiado por el filósofo Jacques Rancière. Estos objetos de uso son mediaciones entre yo y los otros; además son intersujetivos y dialógicos. Sin embargo, esta intersujetividad dialógica se resiste. Se resiste porque el progreso científico y técnico es tan cautivador, que a menudo el diseño responsable es entendido como una regresión. Ahora bien, este principio de objetos de uso, ¿es válido para esos objetos de uso inmateriales?

Tercer armazón

La araña añade espirales auxiliares que reparte equitativamente por toda la telaraña, especialmente por el eje. Estos hilos son más resistentes y pegajosos. Finalmente, el artrópodo rellena los espacios vacíos con filamentos de captura muy elásticos. Lo importante es que cuando un insecto caiga en la red, la telaraña ceda pero no se rompa.

Entre las numerosas espirales auxiliares de Flusser, una destaca sobre las demás: las no-cosas o informaciones. Según el autor, este desplazamiento no se asemeja a ningún otro periodo histórico y por ello inquieta. Ahora bien, ¿es cierta esta afirmación si tenemos en cuenta las dos revoluciones técnicas de la Humanidad? ¿Acaso no fueron determinantes el paso de la mano a la herramienta en la Prehistoria, o el paso de la herramienta a la máquina en el siglo XVIII? En esta tercera revolución técnica, se abandonan las máquinas y se apuesta por los electronic devices.

Este ser humano carece de manos, sólo trabaja con las yemas de los dedos, sus órganos más importantes. No hay más que contemplar que hacen nuestras yemas de los dedos sobre un iPad, iPhone, tablet, portátil… Éstas se constituyen en órganos de elección y decisión: compramos entradas para el cine, actualizamos nuestro perfil en alguna red social, enviamos emails, realizamos transacciones bancarias. ¿Abandonamos el homo faber por un homo ludens y homo videns? Y aún más, ¿es libre y responsable de sus objetos de uso inmateriales, de sus no-cosas?

Flusser no lo duda. Este ser humano decide dentro de los límites de un programa. Para él, “la libertad de decisión al presionar con las yemas de los dedos, se revela, pues, como una libertad programada. Como una elección de posibilidades prescritas. Lo que elijo, lo elijo por prescripción.”[2] ¿Totalitarismo programado?, se pregunta. Totalitarismo satisfactorio, se responde.

A pesar de que la telaraña parece resistente, algunas de estas espirales auxiliares podrían romperse. Flusser equipara en algunos de sus capítulos información y no-cosas con diseño. El arquitecto, diseñador e historiador Renato de Fusco[3] duda de esta asociación. Para de Fusco es una exageración afirmar que la información es la materia prima de la arquitectura y del diseño. El hecho de que vivamos en una sociedad donde la información asume un rol determinante no significa que estemos en un proceso de desmaterialización.

En el primer armazón de su teoría, Flusser sostenía que el diseño era el puente entre la ciencia y la estética; puente que no está hecho sólo de informaciones, sino que tiene una forma visual y táctil. No debemos confundir la miniaturización de los objetos de las TIC, ni su plurifuncionalidad, ni por supuesto su nueva relación física con el usuario, con la tesis de la inmaterialidad. El diseño sigue siendo tan material hoy con el código binario como en 1920 con la Bauhaus.

¿Se fractura el texto de Flusser por unos filamentos mal colocados? No. No olvidemos que la telaraña no es algo permanente, sino que la araña puede construirla hasta cinco veces al día.  Quizás sea ésta también la estrategia del diseño.

A Raquel Acosta Samper

[1]FLUSSER, Vilém (2002). Filosofía del diseño: la forma de las cosas. Traducción: Pablo Marinas. Madrid: Síntesis, p. 25
[2]   Ibidem, p.112
[3]   Véase DE FUSCO, Renato (2002) Historia del diseño. Barcelona: Santa & Cole.

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Marina Hoyos  

Me muevo entre la literatura española de finales del XIX y las redes sociales del XXI; y entre el cine de Vittorio de Sica y Wile E. Coyote and the Road Runner. La imaginación y el humor: las mejores armas contra el inmovilismo. Comunicóloga, humanista... Ver perfil →


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Una valiente opinión

  1. Muy interesante; habrá que leerlo! :)

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