La anti-sociedad

   /   30 enero 2014   /   Publicidad La anti-sociedad

La sociedad entera está consumida en un sillón frente a cualquier pantalla. La sociedad se ha convertido en la anti-sociedad.

¿Para qué sirven las nuevas tecnologías? Cuando nos hacen esta pregunta, las respuestas más habituales son: “para hacernos la vida más fácil” y “para comunicarnos con los demás”. Ahora bien, ¿hasta qué punto esto es real o hasta qué punto intentamos autoconvencernos de la mentira?

Imaginemos el caso de un niño que pide una de estas famosas nuevas tecnologías a sus padres. El niño pide un ordenador, sus padres preguntan que para qué lo quiere y él responde que para hacer los trabajos de clase. El niño pide un “smartphone” (alias, un teléfono móvil tan listo que nos vuelve tontos), sus padres le preguntan que para qué lo quiere y él responde que para mayor seguridad cuando sale de casa, para poder llamarles si va a llegar tarde o para poder localizar a sus amigos. Finalmente, el niño pide una videoconsola. ¿Para qué?, le preguntan. Para invitar a mis amigos a casa y jugar todos juntos, les responde.

La realidad de esto va a ser que el niño acabará jugando a Los Sims con su portátil, descargando el Candy Crush en su smartphone y apoltronándose en el sofá mientras juega con algún videojuego para una persona. Con suerte, quizá active la opción de jugar online con otros usuarios que están igualmente apoltronados en cualquier otra parte del mundo.

Ahora quiero que veáis este anuncio del teléfono inteligente lanzado por Google, el Nexus S:

Si tuviera que ponerle un eslogan al spot sería algo así como: Vive sin levantar la vista del suelo. Un poco largo, lo sé… tendré que darle una vuelta de tuerca más al concepto. En definitiva, lo que pretende transmitirnos Google es que podemos tener una vida más que plena (nos habla de viajar y de celebrar fiestas por todo lo alto, a la vez que ignora cualquier posible elemento ligado a las obligaciones o responsabilidades. ¿Quién no querría vivir así?) Además, yo también le veo un importante efecto de distorsión absoluta de la realidad en cuanto a los planos en los que la perspectiva y la gravedad están totalmente de más.

No sé si lo han hecho expresamente o no, pero el efecto que causa en mí el anuncio es el de alguien restregándome una mierda por la cara mientras sonríe y me dice: yo estoy viendo la mierda, pero tú solo ves una esponja, o unas flores, o cualquier otra metáfora de algo limpio y bonito que se os ocurra. Y yo, mientras, sonrío y doy palmas con las orejas. En realidad dudo mucho que Google haya tenido una intención mínimamente cercana a esta; es hasta este punto que llega la ceguera de toda la “sociedad” y la creencia de que vivir a través de las tecnologías es algo bueno.

Llegados a este punto lo vuelvo a preguntar. ¿Para qué sirven las nuevas tecnologías? Es increíblemente chocante el contraste entre lo que nos venden y creemos y lo que realmente sucede. La mayor parte de los gadgets tecnológicos se publicitan a través de sus posibilidades de interacción, del “podrás sacar fotos geniales de ti y tus amigos”, del “chatea de forma instantánea con quien te de la gana” o del “graba en vídeo el concierto de tu vida”. Los anuncios sobre tecnología cada vez se parecen más a esos maravillosos veranos que nos vende Estrella Damm y que nosotros vemos en  televisión con los ojos chispeantes de ilusión mientras nos decimos: este año sí que sí, mi verano va a ser como el de estos chicos y chicas tan jóvenes y guapos y felices. Pero llega el verano y sí, quizá salgamos más, quizá pasemos días buenos… pero nunca se parecen lo suficiente a los veranos de Estrella Damm. Y sí, también compramos el iPhone, y el iPad, y aquella pantalla de televisión LED en cuyo spot aparecen un grupo de amigos viendo el futbol. Todos estos gadgets nuevos me harán un triunfador, pensamos, pero nada cambia. Poco después, sin embargo, aparece un nuevo smartphone que es la leche y volvemos a creer que cuando lo compremos nuestra vida cambiará de forma radical. Y compramos ese nuevo smartphone, volvemos a casa y lo configuramos con los ojos nuevamente chispeantes de ilusión, hasta que acabamos de trastearlo, lo dejamos sobre la mesa y empezamos a mirarlo de reojo cada cinco minutos para comprobar que, efectivamente, nadie nos está llamando para salir a la calle y vivir el verano de nuestras vidas.

Y así somos capaces de pasarnos una vida entera, trasladando las expectativas de mejora personal de un producto a otro. La comodidad creada por la tecnología, añadida al sedentarismo, añadida a los falsos valores con los que se nos venden los productos, añadida a lo poco que nos cuestan hoy en día las cosas… ¿El resultado? Un “apoltronamiento” de narices. La sociedad estera está atonta, alienada, consumida en un sillón frente a cualquier pantalla. Y sola, muy muy sola. La sociedad se ha convertido en la anti-sociedad.

Ahora bien, sería muy ruin por mi parte hablaros del problema y no daros una solución. La tecnología no tiene por qué desaparecer (no va a hacerlo, ya que hay demasiadas partes interesadas moviendo el cotarro) ni es únicamente un virus que nos haya corrompido a todos. La tecnología hace un gran bien al ser humano en el momento en que sirve de apoyo a sus facultades físicas y mentales, como puede ser el caso de un brazo robótico que se implanta en la persona que ha perdido una extremidad o, de forma mucho más banal, el de la agenda electrónica que nos recuerda que debemos felicitar a un amigo por su cumpleaños. Hemos de tener presente que la tecnología surgió para sernos útil, no para volvernos inútiles. Ha llegado a nuestras vidas muy rápido y nos ha sumido en una espiral en la que parece que hay que estar constantemente innovando para que el ciudadano de a pie no se aburra, y debemos cuestionarnos el uso que estamos haciendo de ella.

Un ejemplo muy claro de este apoltronamiento o de esta anti-sociedad es que sin Internet no sabemos vivir. Pero… ¿y nuestros padres? Internet es algo muy pero que muy reciente, y antes de él los niños salían a la calle, jugaban unos con otros y rara vez sentían ese aburrimiento o apatía de los que tanto nos aquejamos actualmente.

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Ainoa Marco  

Estudiante de Publicidad y RR.PP. ¿Fotógrafa? ¿Diseñadora gráfica? Brotes verdes de artista. Reflexiva. Curiosa. Ciudadana del mundo. Ver perfil →


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2 opiniones

  1. Pedro Málaga dice:

    Hace unos días comentaban en la radio la necesidad de producir más y mejor a un precio cada vez más bajo. Eso implica bajar los salarios y crear una sociedad que perderá derechos,sociales, educativos y sanitatios de tal forma que nos hallaremos en una sociedad anterior a la Revolución industrial. Y me dio mucjo miedo, pánico, el oír que los nuevos avances tecnológicos crearían unos robots tan perfectos que, una vez programados por u a minoría muy bien formada, enviarían al,paro a la vran mayoría de la sociedad. ¿De qué vivirá esa mayoría? ¿Sólo se beneficiarà esa minoía de élite que no le importará esclavizar a los demás?

  2. […] ahora aquello de la anti-sociedad? Hemos llegado a un punto en que lo que vemos a través de una pantalla nos afecta tanto (y por […]

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