Facebook y tus amigos: él decide qué sabes de ellos

   /   3 julio 2014   /   Ética Facebook: ¿Cómo te sientes?

Facebook manipuló la información que veían casi 700.000 de sus usuarios en el año 2012 sin su consentimiento ni ética alguna

“He leído y acepto los términos y condiciones”: probablemente la mentira más grande de nuestro tiempo.

Sin embargo, los términos y condiciones que aceptamos con un simple clic cada vez que nos registramos en un portal web determinan qué puede hacer el propietario de ese dominio con los datos que le facilitamos. Y lo más “suave” que solemos firmar es que damos nuestro consentimiento para ser usados como conejillos de indias (aunque por supuesto, y para nuestra tranquilidad, esto se permite siempre y cuando sea para el propio bien de la web, producto, marca o servicio del que hemos decidido formar parte). Como ya dije en uno de mis primeros posts, nos encanta registrarnos a todo, subscribirnos a todo y aceptar cláusulas de términos y condiciones como quien está aburrido y abre la nevera cada treinta minutos. Las empresas saben que somos unos ceporros que no leemos lo que firmamos y se aprovechan de ello, ¿por qué no iban a hacerlo?

Descubriendo un pastel del 2012

A día de hoy, en el año 2014, Facebook se mantiene como la red social más fuerte y que cuenta con la mayor cantidad de usuarios que se conectan regularmente. Eso implica un gran poder vinculado al gran volumen de información que maneja, y que incluye desde cómo se llaman sus usuarios y dónde viven hasta qué películas han visto, qué tipo de libros leen o las mil y una estupideces del día a día que todos acabamos publicando para que vean nuestros amigos y enemigos.

El pasado fin de semana se destapó un pastel que Facebook se había cocinado y comido en el año 2012. El caso es que se publicaron los resultados de un experimento que duró una semana y en el que, sin saberlo, se vieron implicados casi 700.000 usuarios de la versión inglesa de la plataforma. Mediante una serie de algoritmos Facebook seleccionó el tipo de información que veía cada usuario y ocultó una parte de la misma: se crearon dos grupos de usuarios, los que iban a ver sólo mensajes positivos y los que únicamente iban a ver mensajes negativos. Algo bastante fácil, en realidad, ya que todo cuanto había que decirle a la computadora que guió el experimento era que mostrara u ocultara las actualizaciones de estado en las que se incluían palabras clave como “amor”, “amistad”, “odio”, “tristeza”…

Sorprendentes resultados… já

Los resultados del experimento dudo que sorprendan a nadie. A grandes rasgos, la conclusión fue que el grupo de usuarios expuesto a mensajes negativos (y, por tanto, convencido de que absolutamente todos sus amigos de Facebook estaban pasando por un momento de depresión profunda…) respondieron con la publicación de estados igualmente tristes o melancólicos. Lo contrario sucedió con el grupo expuesto a los mensajes optimistas de sus amigos en la red social, cuyos estados de esa semana fueron igualmente alegres y positivos.

¿Recordáis ahora aquello de la anti-sociedad? Hemos llegado a un punto en que lo que vemos a través de una pantalla nos afecta tanto (y por pantalla entendemos ordenador, pero también televisor, tablet o smartphone) que adaptamos nuestro estado de ánimo a las percepciones que tenemos a través de ella. Quizá si saliéramos a la calle y quedáramos en persona con el amigo que ha publicado una actualización de estado triste veríamos que no le pasa nada grave e incluso le ayudaríamos a superar ese pequeño bache. ¿Salir a la calle a mantener contacto real con alguien? Lo sé, lo sé, es algo completamente innovador.

Ética, ¿sigues ahí?

Dónde queda la ética en todo esto, no lo sé. Facebook ha contestado a las quejas de sus usuarios argumentando que “se preocupan por el impacto emocional de Facebook” y que “el objetivo de la investigación era proporcionar un mejor servicio en Facebook”.

Por mi parte pongo en duda que haya sido un experimento orientado a mejorar el servicio de la red social: ¿qué piensan hacer, bloquear todos los estados tristes de tus amigos para que no los veas y no te pongas triste tú también? Alguien tenía que hacer un experimento psicológico/social y se le ocurrió pensar en las muchas posibilidades que tiene Facebook para ello. Y por mucho que hayas aceptado unos términos y condiciones “años a” (¡sin leértelos, mal hecho por tu parte!) eso no les da derecho a experimentar con el usuario sin pedir un consentimiento expreso aclarando la finalidad y repercusiones de lo que van a hacer.

Ahora mismo lo mejor que podemos es hacer es quejamos y hacer ruido en torno al asunto. Si ya han descubierto el potencial de las redes sociales para jugar con el usuario y han salido impunes, ¿por qué no iban a volver a hacerlo? 

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Ainoa Marco  

Estudiante de Publicidad y RR.PP. ¿Fotógrafa? ¿Diseñadora gráfica? Brotes verdes de artista. Reflexiva. Curiosa. Ciudadana del mundo. Ver perfil →


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3 opiniones

  1. Lo que es más fuerte es que somos conscientes pero no movemos ni un dedo, ¡todos nos quedamos en Facebook!

  2. Ricardo dice:

    “¿Salir a la calle a mantener contacto real con alguien? Lo sé, lo sé, es algo completamente innovador.”
    ¿Esta frase no es un poco demagógica? Todos los usuarios de Facebook que conozco, yo entre ellos, aprovechan cuando pueden para quedar con los amigos. ¿Es que tú no lo haces? Pues eso.

    • Ainoa Ainoa dice:

      Claro que a todos nos gusta salir a la calle a quedar con los amigos, mal iríamos si hubiéramos sustituido completamente esta actividad por la presencia en las redes sociales. Sin embargo, sí que es cierto que la balanza entre el tiempo dedicado frente a un ordenador o un smartphone y el tiempo dedicado a la vida “real” se inclina cada vez más hacia el primero.

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