Facebook: ese oscuro objeto del deseo

   /   19 febrero 2015   /   Diseño, Libros Reseña - En el acuario de Facebook

Un profundo análisis crítico sobre Facebook que de buen seguro te hará replantear todo lo que creías saber sobre el plataforma

El colectivo Ippolita, conocido ya por su anterior obra Luces y sombras de Google: futuro y pasado de la industria de los metadatos (2007), realiza en esta ocasión un análisis crítico sobre Facebook y sobre las consecuencias comunicativas, políticas y filosóficas de las redes sociales digitales en En el acuario de facebook. El resistible ascenso del anarcocapitalismo (2012).

El presente libro consta de tres partes: “Tengo mil amigos, pero no conozco a ninguno”, “El proyecto right libertarians a la conquista del mundo: redes sociales, hackers, activismo, política institucional” y “Las libertades de la red”. Si en la primera parte se expone los cambios en las relaciones comunicativas que han surgido a raiz de medios sociales como Facebook, en la segunda parte se ahonda en los efectos políticos de estas nuevas relaciones. Finalmente, el tercer punto indaga sobre derivaciones filosóficas, especialmente a través de la comparación con el ideal de Un mundo feliz de Huxley. Se trata de un libro compacto, ya cada uno de sus capítulos está fuertemente vinculado con el anterior y el siguiente.

Uno de los principales conceptos que se introduce en el inicio es el de distratección, una mezcla entre atención y distracción. Los autores consideran que en la civilización 2.0. las personas están tan ocupadas chateando, subiendo fotos a la red, retwiteando, etc. “(…) que ya no disponen del tiempo ni de las capacidades para cultivar relaciones significativas.”[1]. Esta incapacidad se refuerza a través de esa tecnolatría antes mencionada. En otras palabras, la tecnología como ídolo no admite reproches, sólo admiraciones por sus logros, por ese progreso por el que nos conduce y por el cual no podemos hacer nada más que aceptarlo.

Sin embargo, en la era de las redes sociales digitales, los seres humanos seguimos teniendo un cuerpo, y seguimos estando vinculados a la finitud. En ese ser virtual, username, a pesar de poder ser una invención, existe una correspondencia, que no equivalencia. Por ejemplo, en la autopromoción profesional en Twitter podemos mentir, es decir, puede no haber una equivalencia entre ese ser virtual y lo que en realidad somos, pero siempre habrá un cuerpo detrás, un cuerpo que no miente sobre su existencia. Existe y ya está. Es precisamente esta correspondencia la que nos permite pensar que es imposible separar la socialización online de la socialización offline, aunque sólo sea porque la primera pueda impedir el desarrollo de la segunda.

Una de las paradojas de este nuevo paradigma comunicativo es que para ser socialmente más activos, para ejercitar y desarrollar nuestro yo digital, tenemos que ser más pasivos físicamente. Hacen falta muchas horas delante del ordenador o de un smartphone, no todo es tan fácil como parece. Y al final la experiencia de la soledad y el silencio, la de la lentitud y la profundidad, se han vuelto extrañas. ¿Acaso tenemos miedo de enfrentarnos a nuestro interior?

Ante la euforia que supusieron las redes sociales digitales en las revueltas del Mediterráneo entre 2010-2011, debemos subrayar que éstas no deben asociarse a sociedades democráticas. Sólo hay que tener en cuenta algunos ejemplos como los de Qzone y RenRen, controlados por las autoridades chinas.

Ippolita lo tiene claro: los digital social media guardan relación con la política. De hecho, en su obra anterior, señalaban a Google como un proyecto digital fruto de la Ilustración, en concreto de su lado más oscuro. Existe un progreso en la acumulación de datos. En el libro reseñado, se nos informa que Facebook es un proyecto financiado por la extrema derecha estadounidense, los right libertarians, libertarios de derechas, conocidos también como anarco-capitalistas. Para entendernos: el libertarianismo es un conjunto de tendencias políticas que, desde los años sesenta del siglo XX, se propone la realización radical de las libertades individuales en un contexto exclusivamente de libre mercado. Así pues, el discurso anarco-capitalista es el de la privatización y el del triunfo individual.

Para los tecnófilos y tecnólatros, Internet es la realización de un mundo democrático en el cual cada netizen (acrónimo de Internet + citizen) contribuye al bienestar común. Los conservadores ciber-utopistas hablan de la Web 2.0. como si de misiles de la libertad se tratasen. Por su parte, los ciber-utopistas progresistas defienden Internet como un punto irrenunciable de la agenda de un gobierno justo. Por lo tanto, tanto conservadores como progresistas ciber-utopistas sostienen que a la participación de la Web 2.0. le corresponde automáticamente un índice elevado de democracia. Esto es, sin duda, otro producto más de la Ilustración.

Gordon Graham en Internet. Una introducción filosófica (2001) sostiene que la técnica no es neutral, sino que su estructura implica una forma de comunicación. En otras palabras, el número de carácteres que permite Twitter condiciona la forma del mensaje. Para Ippolita, la esencia de la tecnología no es tecnológica, sino social, política, económica, psicológica, etc.

Por supuesto no todo es propiedad de los anarco-capitalistas. El libro también hace referencia a Wikileaks y a Anonymous, y establece similitudes y diferencias. De hecho, si bien puede existir una ideología contraria entre los hackers, el individualismo y el culto a la libertad absoluta son los dos puntos en común de todos ellos. El “enemigo común” de los hackers son las instituciones que limitan la libertad: libertad de información para unos, y libertad de mercado para otros.

Así pues, ese netizen que habita en la civilización 2.0. y que tiene una capacidad de distratección elevada, emplea en su mayor tiempo un activismo de salón. A través de un “me gusta” y un “comparte”, cree indignarse por las injusticias del mundo, y cree ser partícipe de esa sociedad democrática 2.0. La receta se implanta: para llegar a una sociedad más libre, es necesario aumentar la circulación de informaciones, mejorar las conexiones de red… ¿Pero son las personas o las tecnologías quienes hacen revoluciones?

En el siglo XX, existieron dos posturas distópicas que influyeron considerablemente en el pensamiento occidental: 1984 de Orwell y Un mundo feliz de Huxley. Ahora bien, y así lo subraya Ippolita no se trata tanto de un control represivo como el Orwell, sino de un uso de la tecnología para estimular el placer y potenciar el consumo continuo. En la obra de Huxley, a consecuencia de un exceso de satisfacción rápida y constante, los personajes no sienten deseos y por lo tanto la felicidad se transforma en obediencia. ¿Cuántas veces habremos puesto “me gusta” sin haber leído el post, sin haber visto el vídeo posteado por una amistad? No es bueno (o políticamente bueno) el desacuerdo, es mejor crear grupos de afinidad en los que no se discuta ni se opongan ideas contrarias. Ante todo el placer. De todas formas, tampoco hay que menospreciar a Orwell. Cierto que es demasiado radical, pero… ¿cuándo etiquetamos a alguien en una foto, nos volvemos un poquito “policías del pensamiento”?

1 IPPOLITA (2012) En el acuario de Facebook. El resistible ascenso del anarco-capitalismo. Madrid: Enclave de Libros, p. 19

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Marina Hoyos  

Me muevo entre la literatura española de finales del XIX y las redes sociales del XXI; y entre el cine de Vittorio de Sica y Wile E. Coyote and the Road Runner. La imaginación y el humor: las mejores armas contra el inmovilismo. Comunicóloga, humanista... Ver perfil →


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