Ética y estética en la arquitectura de Walter Gropius

   /   19 marzo 2015   /   Libros Ética y estética en la arquitectura de Walter Gropius

Reflexiones de Gropius acerca de la mediocridad, la esclavización de la humanidad por parte de las máquinas y la universidad

En su obra Alcances de la arquitectura integral, publicada en español en 1956 y dividida en cuatro partes, Walter Gropius expuso su concepto sobre arquitectura, desarrollado durante los años que dirigió la Bauhaus (1919-1927) y perfeccionado durante su época en Estados Unidos. Entre sus publicaciones sobre arquitectura se encuentran Reconstruyamos nuestras comunidadades (1945) y Arquitectura y diseño en la edad de la ciencia (1952).

Para entender esta obra, hay que señalar que en el momento en que algunas producciones denominadas artes decorativas y aplicadas comenzaron a ser elaboradas de forma industrial, se inició un proceso que fue desde el rechazo de la segunda mitad del siglo XIX, a la aceptación en la segunda década del siglo XX. Para Walter Gropius, el uso erróneo de la máquina en los primeros años del XX había creado una mentalidad colectiva que había aplastado el alma, y que había nivelado las diferencias individuales. ¿Hablaba Gropius de mediocridad?

Una de las primeras ideas que expone el texto es que tanto arquitectos como proyectistas debían aprender una nueva actitud imparcial, original y elástica sobre el arte y el diseño. No sólo eso, sino que en arquitectura, “(…) la realización de una nueva visión espacial significa algo más que la economía estructural y la perfección funcional.”[1] Éste fue el sentido de la fundación de la Bauhaus: impedir la esclavización de la humanidad por parte de la máquina, la aparición de artículos producidos en masa, la robotización del individuo, etc. En suma, lo que Charles Chaplin denunció en Tiempos modernos (1936).

Gropius defendió en esta obra la inexistencia de un estilo Bauhaus, ya que de haber sido así, la Bauhaus habría sido simple academicismo. No debemos olvidar los ideales que impregnaron el curso preliminar que tanto Johannes Itten y, posteriomente, Lázlo Moholy-Nagy impartieron para la escuela. El propósito del curso era el de despertar la conciencia perceptiva y técnica, las habilidades intelectuales y la experiencia emocional, algo verdaderamente revolucionario en el ámbito artístico-educativo. Así pues, la finalidad de la Bauhaus “(…) no fue propagar ‘estilo’, sistema o dogma algunos, sino sencillamente ejercer una influencia revivificante sobre el diseño.”[2]

En la segunda parte, “El arquitecto contemporáneo”, el autor se cuestionó si en los edificios contemporáneos predominaba la arqueología o la arquitectura. Para poder hablar de arquitectura era importante la percepción de las características y fuerzas motrices del tiempo, pero esto, según Gropius, no sucedía. Una de las causas era el hecho que la actitud de la universidad era imitativa (arqueológica) y no creadora (arquitectónica).

Las funciones tanto materiales como espirituales de cualquier proyecto arquitectónico debían ser interdependientes. Como arquitecto aseguró que era un anacronismo expresar funciones del siglo XIX con nuevos medios técnicos, así como también expresar funciones espirituales del XX con técnicas y materiales del siglo anterior. ¿Sería este un ejemplo del problema de atelia e hipertelia en el arte que desarrolló Gillo Dorfles?[3]

Para Gropius era sencillo: la auténtica arquitectura sólo podía ser la integral. Sólo así el arquitecto concebiría los edificios como receptáculos para el fluir de la vida a la que, además, debían servir. Este concepto es el que se desarrolla ampliamente en la tercera parte de la obra “Territorio y vivienda”, sin duda el capítulo más técnico y arquitectónico.

The Alan I W Frank House

Finalmente en el último capítulo, denominado igual que el título del libro “Alcances de una arquitectura integral”, el autor se detuvo en el binomio arquitectura y ética. Para que esto fuese posible, arquitecto y urbanista debían canalizar el crecimiento urbano en una forma cívica superior. Gropius estaba integrando aquí -y de forma pragmática- todas las propuestas utópicas urbanas del XIX, como fueron los Pueblos Armonía de Robert Owen. En su ideal de arquitectura, expuso que “hemos comenzado a comprender que diseñar nuestro ambiente físico no significa aplicar un conjunto fijo de reglas estéticas; por el contrario, corporiza un crecimiento interno continuo, una convicción que recrea continuamente la verdad, al servicio de humanidad.”[4]

En esa apuesta por la aceptación de la técnica y la industria en las artes, el autor señaló que a diferencia del simple proceso de mecanización, el trabajo del artista debía ser la búsqueda desprejuiciada de la expresión. No sólo eso, Gropius consideraba que la tarea del artista era esencial para el desarrollo de la democracia, puesto que “(…) los problemas sociales no pueden resolverse exclusivamente mediante procesos intelectuales o mediante la acción política.”[5]

Al principio del artículo, nos preguntábamos si la utilización incorrecta de las máquinas, la aceptación sin más de la industrialización y de la producción en masa, había creado una mediocridad colectiva. Quizás no era mediocridad, sino una falta de integración entre estética y ética, síntesis que defiende toda la obra de Jacques Rancière. En El maestro ignorante (1987), el filósofo francés contrapuso la nueva educación, basada en el principio de emancipación, con la vieja educación, basada en el principio de atontamiento. En la primera, por el hecho de no existir pedagogía institucionalizada, hacía posible el surgimiento de una sociedad de artistas. Algo similar a lo que defendió Gropius al decir que en la Bauhaus no hubo un estilo, un dogma, es decir, una institucionalización del arte y del diseño. Por ello, en Alcances de una arquitectura integral hay algo más que una insistencia del binomio estética-ética del arte. Ese algo más sólo podremos hallarlo en su lectura.

[1] GROPIUS, Walter (1963) Alcances de una arquitectura integral. Buenos Aires: La Isla, p. 28
[2] Ibidem, p. 31
[3] DORFLES, Gillo (1973) Nuevos ritos, nuevos mitos. Barcelona: Lumen.
[4] GROPIUS, Walter (1963) Op. cit. p. 197
[5] Ibidem, p. 188

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Marina Hoyos  

Me muevo entre la literatura española de finales del XIX y las redes sociales del XXI; y entre el cine de Vittorio de Sica y Wile E. Coyote and the Road Runner. La imaginación y el humor: las mejores armas contra el inmovilismo. Comunicóloga, humanista... Ver perfil →


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