El triunfo de algo llamado “buenrollismo”

   /   16 diciembre 2013   /   Publicidad El triunfo de algo llamado “buenrollismo”

Mr. Wonderful, Happy Ideas, Oddy Neighbours, Holamama, Terrón de azúcar, A truth as a temple, Mummy Crafts, The Welly Home…

Y podría seguir añadiendo nombres a la lista durante días enteros. Todos ellos tienen en común que venden productos para decorar las casas y principalmente a través de tiendas online. Que si vinilos para las paredes, que si tazas, que si libretas, que si cajas… En definitiva, un sinfín de accesorios pensados para personalizar los hogares.

Creo que la primera vez que vi una página web de éstas debió de ser en el ordenador de mi madre, a quien le encantan las cosas artesanas y de decoración. “Mira, ya ha encontrado un nuevo blog con cosas para mamás” debí pensar, o algo por el estilo. Qué poco me imaginaba yo que, apenas unos meses después, le estaría enseñando la web de Mr.Wonderful y hablándole acerca de lo mucho que necesitaba todas las cosas de papelería que esa misteriosa tienda salida de la nada vendía por Internet.

Supongo que es como todo. De un día para otro algo que quizá lleva existiendo desde hace algún tiempo, sin saberse muy bien cómo ni por qué, pasa a ser mundialmente conocido y a partir de ahí empiezan a aparecer negocios o productos similares hasta de debajo de las piedras. El caso de Mr.Wonderful y de marcas sucedáneas me parece de lo más curioso: se han cogido las manualidades de toda la vida, se han colocado bajo un potente chorro de “buenrollismo” y se han lanzado a Internet. Incluso me atrevería a hablar de una nueva categoría de productos, los “handweb”, mitad “handmade”, mitad éxito de su distribución a través de la red.

Pero, al fin y al cabo, da igual cómo los llamemos. El caso es que hay todo una serie de públicos (y que ya no son sólo las mamás) que se está despertando, que empiezan a reclamar el poder rodearse de objetos diferentes y que escapen al gran grueso de tazas, muebles o cuadros que se producen en las grandes fábricas. Hay una serie de públicos que quieren diferenciarse a través de los elementos que decoran sus casas y habitaciones, que se están dando cuenta de que la era comercial nos vuelve a todos iguales y de que hay una carencia increíble de personalidad que empieza en lo que poseemos, pero que inmediatamente se extiende a lo que somos y a lo que pensamos. En definitiva, creo que estamos ante un momento en el que jóvenes y adultos entienden al fin las implicaciones de vivir en una economía de escala y de productos manufacturados.

Artesanía, buenrollismo y creatividad son, sin duda alguna, los valores que han hecho triunfar a estas marcas. Artesanía porque apenas hay un pequeño equipo de personas pensando, dibujando y a veces incluso pintando, tallando o confeccionando los productos. Buenrollismo porque cualquier soporte pasa a ser perfecto para colocar en él una frase positiva o un dibujo gracioso. Y creatividad porque todavía nos sorprenden los mensajes y las formas que toman los productos y hacen que nos detengamos a mirarlos (a veces, incluso con un sentimiento de rabia y de “¿por qué no se me habrá ocurrido esto a mí?”).

¿Qué te parecería una taza en la que estén dibujos los restos de un carmín de labios en la parte superior? ¿Y unos post-its que tengan forma de bombilla? Es probable que no necesites ninguna de esas dos cosas y que, aún y así, ahora mismo te encantaría tenerlas por el simple hecho de que son originales y diferentes a lo que estás acostumbrado a ver. Tranquilo, a mí también me pasa.

Sin embargo, me preocupa la velocidad a la que lo devoramos todo. Recuerdo que no hace mucho, quizá dos años atrás o menos, hacerle un collage de fotos a tu amigo por su cumpleaños era el no va más de la originalidad. Por desgracia, que a día de hoy nos regalen un collage de fotos lo asociamos a que nuestro amigo no ha querido esforzarse demasiado en pensar un regalo que nos guste y que ha optado por la opción barata y segura. ¿Por qué demonios no me has comprado los post-it con forma de bombilla, eh, por qué?

Poco a poco, tiendas que nacen siendo artesanales y que tienen un alto valor diferencial, como Mr.Wonderful o cualquiera de las otras marcas de la lista con la que he empezado el artículo, se dan a conocer, captan más y más clientes y se van convirtiendo en un fenómeno de masas que se muda a una oficina más grande, que contrata los servicios de una fábrica más cara y que subcontrata a una empresa que les hace las publicidades, a otra que solo se dedica a pensar en nuevos diseños, a otra que solo se dedica a pensar en los soportes donde irán los diseños… En fin, supongo que es ley de vida, pero a ver cuánto tiempo pasa antes de que todos tengamos en nuestras casas algo de Mr.Wonderful y de que la marca pase de ser algo distintivo a ser algo “normal”.

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Ainoa Marco  

Estudiante de Publicidad y RR.PP. ¿Fotógrafa? ¿Diseñadora gráfica? Brotes verdes de artista. Reflexiva. Curiosa. Ciudadana del mundo. Ver perfil →


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Una valiente opinión

  1. […] jóvenes que intentan tirar adelante negocios “buenrollistas” (ay, amigos, ¿os acordáis de mi anterior escupitajo en TCR? ¿Lo veis? ¡Tengo razón, están por todas […]

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