Dormir es de débiles, dicen

   /   14 noviembre 2014   /   Ética Dormir es de débiles - The Creative Riot

Si trabajas en la industria creativa seguro que conoces demasiado de sobra el concepto “no duermo que sino, no llego”

Cientos. Miles. O hasta diez miles son los artículos escritos por y para estudiantes o profesionales del diseño que aseveran que una característica implícita de los estudios de diseño y arquitectura es la de dormir es de débiles. Y es que una vez se entra en esa secta maliciosa, la jornada de trabajo disuelve los conceptos día y noche y se entra en un bucle autodestructivo, pero socialmente aceptado. ¿Pero por qué? ¿Acaso es un dogma que se deba compartir como necesario para la aprobación de tus profesores o clientes?

Titulamos el artículo afirmando que dormir es de débiles. Pero también dormir es de cobardes, como versionan también los aficionados de la NBA, a causa de los partidos jugados en los Estados Unidos retransmitidos en directo de madrugada a causa del desfase horario. Y digo versionan porque el dicho original proviene de años inmemoriales: así como el baloncesto nocturno llegó a nuestros lares hace un par de décadas aproximadamente, la arquitectura y el diseño –como los conocemos hoy día– son unas profesiones con más o menos un siglo de historia. Además, partamos de la base de la motivación del no dormir: los fans de la NBA no duermen por puro placer, mientras que muchos profesionales del gremio creativo no duermen por necesidad. O eso dicen.

Al cursar unos estudios de este sector, descubrimos nuevas habilidades: somos capaces de dormir menos de 2 horas en todo un fin de semana y de rehabilitarnos tras la entrega durmiendo más de 20 horas del tirón, ya no somos vistos más en público sin ojeras ni sin gafas de sol y piensas que los que se dedican a otro sector en el fondo no están desarrollando bien su potencial, ya que no exprimen su tiempo tanto como tu. Además, alardeas interiormente de tu capacidad de dormir en cualquier tipo de soporte: teclados, mesas de trabajo, lápices, tus compañeros, en el suelo, sobre tuppers de comida… Es más, terminas concibiendo tus vacaciones como “tiempo para dormir”. Y todo esto, sin replantearte jamás que la raíz de estos descubrimientos parten de unas actitudes y postulados conservadores: 1) si no trabajo de noche como mis compañeros, voy a presentar una entrega de peor calidad que ellos (también conocido como “¿dónde va Vicente? Donde va la gente”); o 2) como me han fijado este plazo de entrega, debo trabajar a cualquier hora para cumplirlo (pese a que me hayan cambiado, revisado y editado el proyecto hasta momentos antes de entregarlo).

Dormir es de débiles Dormir mientras se trabaja: efectividad por comprobar. Sin embargo, nos alegraremos si el señor de la imagen logra vender algún fruto de su huerta.

Muchos docentes adiestran –voluntariamente o no- a sus estudiantes con el método basado en la infame sentencia que la inspiración te pille trabajando. Y por ello, muchos estudiantes, haciendo alarde de su debilidad y falta de criterio, adoptan la decisión de trabajar incansablemente sin tiempo de descanso ni de ocio, persiguiendo objetivos utópicos. Y digo utópicos porque nunca jamás va a alcanzar un punto en que te agrade lo suficiente: tu proyecto jamás va a llegar a un nivel tal de definición que te genere una grata honra y satisfacción. Siempre le puedes dar una vuelta de tuerca más. Porque, siendo categóricos, existe una verdad irrefutable: es imposible complacer totalmente a un profesor en un trabajo creativo. Es así, y ojalá me pueda comer mis palabras si repentinamente, las nuevas generaciones docentes me contrarían con su saber hacer.

Y si hablábamos de profesores y estudiantes, sucede algo muy similar con la relación profesional-cliente. Rara vez es la que se han hallado a clientes que respetan un timing de trabajo fijado por el profesional. Muy usualmente, muchos interesados en servicios de diseño, revisan y corrigen sus contenidos hasta pasada la enésima deadline que se les ha impuesto desde el estudio. Lo hacen sin pensar en el tiempo que el diseñador requiere para procesar y crear un acabado potente. Y si el cliente no lo acepta, que use el WordArt –que anda que no mola- y se ponga él mismo manos a la obra. A todo esto, la única y ligera pega que encontramos a este inconformismo, es que el cliente es el que nos remunera y nosotros estamos históricamente bien instruidos con lo de que “el cliente siempre tiene la razón”.

Si habéis leído hasta aquí pensando que soy un perverso hereje que reniega de la creencia popular, hemos logrado el punto deseado. Aquí es donde queríamos llegar: salgamos todos de esa corriente de pensamiento. Durmamos sin vergüenza, que no nos tienten las heroicidades nocturnas de nuestros colegas, intentemos vivir vuestra vida no-laboral. Está claro que muchos aman su trabajo, y ojalá llegue el día en que todos puedan decir lo mismo. Pero partamos de la base que un buen objetivo en la vida resulta ser el tópico “no vivas para trabajar, trabaja para vivir”. Tomándolo como meta, fijemos un remedio genérico, ¿no? Estudiantes: empecemos nuestras entregas con anticipación, y si hay que dejar de dormir, al menos que sea gradual, dosificando en varios días el déficit de sueño, o que al menos no empalmemos la estresante última noche. Compañeros del gremio: adelantemos nuestras deadlines para trabajar con mayor comodidad. Sepamos decir que no a encargos que llegan con muchas prisas mientras tenemos pedidos en marcha. Y si trabajamos para instituciones públicas, adelantemos todavía más las fechas tope. Aunque existen funcionarios muy válidos para los puestos que ejercen, deben pasar incontables filtros antes de poder dar un paso hacia adelante, lo cual nos obliga a cursar un master virtual de procrastinación avanzada y hacer malabares con nuestra gestión del tiempo. O eso, o ponéis ya a decorar vuestro espacio de trabajo de RedBull.

Según los argumentos planteados en este texto, ahora es cuando me pongo el disfraz de pensador que da lecciones de vida y verdaderamente os digo: “no dejéis de dormir para trabajar, dormid para vivir”. Venzamos el establishment del sector y seamos capaces de dar rienda suelta a nuestra creatividad sin que nuestra cara parezca la de un hombre-anuncio de Valium.

A todo esto, hoy no pude dormir preparando este artículo ¿alguien me acompaña a la máquina de café?

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Pau Hormigo  

Arquitecto y laser developer en @Appart810 | Corte y grabado laser | Tipografía | Knock on wood Ver perfil →


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Una valiente opinión

  1. ¡Una verdad como un templo! Demasiado cierto a veces… quizás es que nos pasamos un poco al “dedicarnos exclusivamente” a la profesión, ¿no?

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