Conocidos virtuales

   /   3 marzo 2014   /   Publicidad Campaña Innocence in danger

¿Es internet un espacio seguro para los adolescentes? La campaña “Innocence in danger” nos hace verlo desde otra perspectiva

Los adolescentes son el sector más vulnerable. Se sumergen en sus profundidades buscando solo un poco de diversión y una manera de pasar el rato, pero poco a poco descubren todo lo que el mar de Internet puede ofrecerles y se pierden en él.

Internet, esa inmensa red que conecta a todos con todo y que nos ha convertido en seres dependientes y enganchados a las tecnologías. Imaginemos que podemos retroceder en el tiempo y ofrecerle un ordenador con Internet a un cavernícola que apenas acaba de descubrir el fuego; tan pronto como aprenda a utilizar algo tan complejo como es para él un ordenador, pasará a ser un hombre sedentario que espera a que otros cacen los animales de su mundo real y que se los dejen ya cocinados en la entrada de la cueva.

Internet tiene algo, y no me refiero solo a esa inmensa cantidad de información que podríamos consultar en vez de estar mirando fotos de gatitos; me refiero a que es una droga.

Internet, de la misma forma que la cocaína o el alcohol, es un refugio especialmente bueno para los jóvenes y adolescentes que, por cosas de la edad, se sienten inseguros y sin saber demasiado bien qué demonios hacen en este mundo. En la red podemos ser quien nos de la gana, y Pepe puede cambiar su nombre por el nickname mucho más interesante de Leonardo y decir que tiene apenas 16 años. Aquí ya nos desviamos hacia el tema de la pederastia, de las charlas de concienciación en los colegios y de los cientos de adolescentes que día sí y día también ceden fotos personales o utilizan la webcam con “personas” (digamos mejor “identidades”) que mienten más que hablan. De hecho, es probable que recordéis la perturbante campaña que lanzó la ONG “Innocence In Danger” durante el pasado mes de enero y que jugaba con los característicos emoticones que se utilizan en los servicios de chat y mensajería online:

Innocence in danger Innocence in danger Innocence in danger

Ahora bien, ¿debemos culpar a los adolescentes (y a los no adolescentes, que aquí estamos todos igual de atrapados en la red) de esta adicción? Mi teoría es que no. Internet llegó en un momento en el que el capitalismo ya estaba en pleno auge, las prisas y la rutina estaban a la orden del día y el contacto y la socialización entre personas iba de capa caída. Internet no hizo más que acelerar y agravar esta deshumanización generalizada, y nos dimos cuenta de que si la familia, los amigos o los compañeros de trabajo con los que tratábamos cada día eran desagradables con nosotros… seguro que existía alguien en otra parte del mundo dispuesto a escuchar nuestras desgracias. Y efectivamente. Es lo mismo que sucede cuando empezamos a estudiar/trabajar/movernos en un sitio nuevo: queremos causar buena impresión y no conocemos nada acerca de las personas que nos rodean, ¿así que por qué no ser simpáticos? Pero cuando ya sabemos de qué pie cojea cada uno y llevamos días y días y días tratando con alguien… nos cansamos y ya no somos tan simpáticos, tan cariñosos ni tan atentos. Es algo natural, supongo, pero natural no quiere decir correcto.

La situación se hace incluso más clara en el caso de las personas que tienen algún hobbie vinculado con la ideación y la creatividad, como por ejemplo escribir, dibujar o hacer fotos. Para eso están los blogs, claro, pero también los portales específicos de Falsaria, Deviantart o Pinterest, entre tantos otros. Hoy en día a las personas que tienen estos hobbies les pueden suceder dos cosas: que les de vergüenza enseñar lo que hacen a sus conocidos y por eso lo publiquen en la red; o que lo enseñen a sus conocidos, éstos apenas les reconozcan el mérito y el “artista” en cuestión se decida a colgarlo en la red. En ambos casos el autor se encontrará con que un americano, un colombiano y un japonés alaban su trabajo mientras que Pepe, amigo de la infancia y con el que a día de hoy aún trabaja, apenas le ha hecho caso.

Y así, poco a poco y ostia tras ostia, pensamos que nadie a nuestro alrededor vale la pena. Luego, encendemos el ordenador y empezamos a chatear con la primera persona, hombre o mujer, niño o anciano, de nuestro país o extranjero, que nos dice “va, anímate, yo sí que te entiendo”. La situación de anonimato que crea Internet permite saltarse todas las etapas que necesitamos en una relación cara a cara para ganar confianza con la otra persona, ¿pero hasta qué punto es beneficioso contactar con desconocidos para poder desahogarnos? Y sobretodo, ¿hay alguna forma de que levantemos la mirada y salgamos a conocer a personas de verdad? Las identidades solo sirven para escondernos detrás de ellas.

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Ainoa Marco  

Estudiante de Publicidad y RR.PP. ¿Fotógrafa? ¿Diseñadora gráfica? Brotes verdes de artista. Reflexiva. Curiosa. Ciudadana del mundo. Ver perfil →


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